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Cuando se te rompe el corazón...

Cuando se te rompe el corazón...

Incertidumbre

Es difícil saber lo que late dentro de ti cuando la realidad y la fantasía se entremezclan en sueños interminables, cuando tus deseos no se ven reflejados en la realidad, y tan solo te queda una pizca de aquello que fue y parece que no volverá a ser. Te encuentras en aquel punto donde se supone que has superado lo que mes atrás te parecía increíble pero inacabable, donde vives de pequeños recuerdos, de sus ojos en los tuyos, de sus labios en los tuyos, de sus palabras pasadas, presentes y futuras. Parece que todo a tu alrededor ya ha vuelto a la normalidad, que ya no hay lugar en tu mundo para historias pasadas, ya que parece que todos dan por supuesto que ya pasó y por lo tanto ya no cuentas con ese cable a tierra. Así pues, todo es incertidumbre en ti, porque se supone que todo terminó, pero aún esperas que el viento te traiga noticias de un amor que parece enterrado, porque parece que ella ya lo ha superado, pero aún sueñas con sus labios, porque se da por hecho que no tendría que haber ni un minuto más de ella en tus pensamientos, pero aún queda ese intervalo de tiempo en que ocupa todos y cada uno de tus pensamientos. Y sigue la incertidumbre, ya que no vendrá nadie a darte las respuestas a tus preguntas. Porque mientras tú no puedes abrazar el olvido, no sabes si esa parte de ti que has perdido también estará pasando por lo mismo, ya que aparentemente este dolor no es compartido. De todas maneras, aún sintiendo esta incertidumbre, se que no ha cambiado nada en mí, que sigo sintiendo como hace sesenta-y-un días atrás, y que por más que quiera, el fuego, aunque se empiece a extinguir seguirá dejando esas cenizas, que aunque la herida no sangre, seguirá habiendo la cicatriz de la flecha que cupido me clavó.

 

Una melodía de piano

Una melodía de piano

En medio del desierto, falta de agua y con una tormenta de arena encima, se encontraba Nadia al borde de un ataque confuso de pánico e histeria debido a lo peligroso de la situación. La arena golpeaba con tremenda fuerza su espalda cubierta por una blanca túnica que se reliaba en su cuerpo con una furia que tan solo era comparable a la de la misma tormenta, y la medio enterraba a cada paso que ésta daba. Pero Nadia sabía que no podía pararse, que a pesar de todo tenía que seguir, pues si no lo hacía corría el peligro de morir sepultada, perdida y sola.

Así pues, Nadia reunió las pocas fuerzas que la tormenta le había dejado en su debilitado cuerpo, con la esperanza de encontrar algún lugar para cobijarse ante ese temible fuego de arena que le abrasaba la piel que tenía al descubierto. Y como si sus plegarías fueran escuchadas por una extraña divinidad, Nadia encontró una pequeña duna, la cual parecía estar tallada en piedra, en la que dejó caer su agotado cuerpo y se rindió a los brazos de Morfeo. No sabía cuanto tiempo había estado allí, pero la tormenta por fin había cesado, dejando un paisaje árido y desolado, con un inmenso horizonte de arena a sus espaldas y para su sorpresa una especie de cala por delante. Nadia no podía creer lo que sus ojos veían, un hermoso atardecer reflejado en un agua cristalina casi irreal. Si el tacto frío de ésta no le hubiera despertado del sopor que arrastraba, hubiera jurado que se trataba de un espejismo. Pero no, era una visión paradisíaca en medio de la nada, aunque lo más sorprendente de todo fue visualizar un poco a lo lejos un gran bulto cubierto por la arena. Con algo de indecisión, la chica se acercó al bulto, el cual fue tomando forma a medida que se acercaba. Sus ojos se abrieron desmesuradamente al darse cuenta que lo que allí se encontraba no era ni más ni menos que un piano, un resplandeciente piano en medio de la nada, esperando a que sus teclas fueran acariciadas por algún desconocido.

La tentación fue demasiado grande, pues Nadia se sintió por un momento como embrujada por lo extraño del panorama, y posó unas temblorosas manos sobre aquellos inmaculados trozos de marfil. Algo que no supo explicar movió sus manos a través del teclado, del cual surgió la melodía más triste que jamás Nadia había escuchado. Supo de manera mágica que aquello que salía del piano era lo que habitaba en su corazón, la tristeza, la pena, el vacío que la embargaba se plasmaba en cada nota de esa melodía, pues estaba sola, abandonada por el mundo, al borde del abismo y ni nada ni nadie la podía salvar, pues solo le quedaba su alma agotada y su soledad en una melodía de piano.

Palabras...

Palabras...

Hay veces que los sentimientos son tan intensos que las palabras no bastan para expresar todo ese universo interno que te recorre el alma. Hoy, 11 de octubre, las palabras no son capaces de salir de mi corazón, se quedan trabadas en la punta de mis dedos y no salen, por eso tan solo me queda recorrer a lo ya escrito, a una canción que sonó cuando tal vez yo la andaba buscando... Mil canciones podría poner para decir lo que siento, me faltarían páginas y páginas para expresarlo, pero con una sola por hoy sera bastante.

Con el sol en la maleta

Tengo triste el corazón
Tengo pena en el amor
Busco remedio a este dolor
Pongo el alma en alquiler
Tiene vistas al querer
Busco y comparto amanecer...

Pongo el mar a orilla de tus besos
Traigo lluvia por si tienes sed
No preguntes amor... Amor solo sé
Que el mundo nació donde yo te encontré

Solo sé que me vi
Con la vida aleteando en el vacío
Con el sol en la maleta por si el frío
Me agarraba sin saber a dónde ir
Solo sé que me dormí
En el nido dónde duerme el universo
Con tu risa decorándome el silencio
Pido al aire que me baile para ti...

Tengo triste el corazón
Tengo pupa en el amor
Busco refugio a este dolor...
Traigo el aire envuelto en un suspiro de pasión
Tengo que pedirte por favor
Que desembales mi corazón

Pongo el mar a orilla de tus besos
Traigo lluvia por si tienes sed
Tengo un nudo en la voz... Perdóname amor
Las penas no caben en una canción

Solo sé que me vi
Con la vida aleteando en el vacío
Con el sol en la maleta por si el frío
Me agarraba sin saber a dónde ir
Solo sé que dormí
En el nido dónde duerme el universo
Con tu risa decorándome el silencio
Pido al aire que me baile para ti...

Así resguárdame del viento
En una esquinita de tu piel
Voy desembalando el universo
Por si tu lo vuelves a querer...

Solo sé que dormí
En el nido dónde duerme el universo
Con tu risa decorándome el silencio
Pido al aire que me baile para ti...

 

Lo siento mi amor, pero no me sale nada mejor....

Fuego

Fuego

En una noche oscura, en cierto baile de disfraces, me encontraba sola entre diferentes personalidades y personajes conocidos pero totalmente extraños a mi persona. No sabía como, pero había acabado accediendo a las peticiones de amigos y conocidos para asistir al evento, aún sin tener demasiada auto-predisposición para ello. Vestida de frac, con el pelo bien recogido y una máscara cubriéndome el rostro, la noche se presentaba monótona e hipócrita, llena de sonrisas forzadas y conversaciones superfluas. Todo parecía diseñado con un mismo patrón, pero allí, entre la sonora y homogénea multitud se encontraba ella, un ser demasiado perfecto para pertenecer a esta mundanal realidad, junto al balcón abierto donde la luz de la luna la cubría en una extraña aura. Su piel enfermizamente blanca contrastaba con su oscuro atuendo y con la multidiversidad de colores que la rodeaban. Su pelo, rojo como la sangre que corría por sus azuladas arterias, ondeaba salvajemente como una llamarada de fuego salida del mismo infierno. Y sus ojos, de un color grisáceo sin vida, miraban con un aplomo y una confianza indescriptibles a sus alrededores.

No se que fuerza me conducía hacia ella, no puedo explicar esa atracción inevitable que empujaba mi cuerpo hacia el suyo, pero en un segundo que se eternizó en mi memoria tomé delicadamente su mano y la besé, levantando lentamente mis ojos para encontrarme con los suyos, con la misma confianza y aplomo que había observado en ellos con anterioridad. De repente, sus blanquecinas y aparentemente frágiles manos me transportaron hacia el exterior del balcón, y cuando quise darme cuenta estaba cerrándolo para quedarnos a solas con la luna en aquella oscura noche.

No hubo mediación de palabra, tan solo un acuerdo implícito de nuestros instintos más primitivos en el momento en que su negro y mi blanco, su blanco y mi negro se mezclaron en un baile acalorado, en el momento que nuestros labios sellaron ese pacto secreto entre mi deseo y su necesidad.

Fuego, un irresistible y abrasante fuego recorriendo todo mi cuerpo fue lo único que podría decir que sentí, fuego cuando sus blancos y afilados colmillos se clavaron en mi cuello, quitándome la vida y entregándome la eternidad. Siempre pensé que este ritual sería oscuro, tenebroso y frío, pero no, nada de eso sentí en sus brazos, sino todo lo contrario: calidez, luminosidad y fuego que ardía hasta en el alma. Ese fue mi nuevo amanecer, mi vampírico y eterno amanecer.

Leyendas

Leyendas

Es sabido que las leyendas, mitos y demás son parte de la cultura de cada pueblo, recogida normalmente con el resto de elementos que configuran lo que se conoce como folklore. Estas normalmente mezclan realidades con ficciones, las cuales van diluyéndose con el paso del tiempo, y al final ya no se sabe qué es realidad y qué es ficción. Así pues, aquí os dejo, queridas y queridos viajer@s, un relato en tono de leyenda, dónde la realidad y ficción son separas por una delgada línia.

La Reina de la Noche

Cuenta la leyenda que en las noches en que la luna desaparece, la denominada Luna Nueva, se libera de su prisión la Reina de la noche. Esto sucede así, dicen, debido a que este ser tan solo puede liberar todo su poder cuando no hay más luminosidad que las de las estrellas del firmamento, ya que sino podría verse herida por la luz del Sol que se refleja en la Luna. Pocos son los que la han visto, de los cuales algunos incluso se han visto petrificados por su belleza y sus poderes, cuenta la historia, y aunque la leyenda, con el paso del tiempo, ha sido modificada, exagerada y mitificada, como pasa con la mayoría de las leyendas, historias y elementos del folklore, ha perdurado en el tiempo y el espacio. De la misma manera que con el hombre del saco, el coco y otros seres mágicos, la leyenda de la Reina de la noche, se ha convertido ya en un elemento más para asustar a los niños traviesos y maleducados. Pero a pesar de ello, de la desfiguración de este ser para convertirlo en un ente oscuro, malvado y cruel, en verdad no es así, y lo se porque yo la vi, yo sobreviví a la maldad que la leyenda le atribuye, incluso yo llegué a enamorarme de ella.

Sucedió ya hace mucho tiempo, tanto que apenas puedo contabilizarlo. Era una noche de invierno, gélida y oscura, en que me perdí por el bosque cercano a la villa en la que vivía a mis 19 años de edad. No recuerdo porque salí aquella noche, y por mucho que quisiera tampoco podría recordarlo, ya que lo único que perdura en mi memoria de aquella noche es la figura de aquella mujer, salida de la misma oscuridad de la noche. En un claro del bosque apareció mágicamente, con un vestido completamente negro, largo, que se arrastraba serpenteante por el frío suelo, cubriendo una figura delgada, de piel blanca como la nieve, con una melena oscura que le cubría los hombros y parte del rostro. Le encontré parecido a la mujer de la familia Adams, Morticia, y pensé que aquel nombre no le hubiera sentado nada mal, ya que en la manera en que tenía que ser la Muerte. No pude hacer nada más que dejarme hipnotizar por aquellos brillantes y completamente negros ojos, que, a pesar de ser distantes a mi mirada, hacían temblar mi cuerpo, no se si por el miedo o por la impresión que aquella mujer me causaba, ya que no había visto nunca algo tan bello y a la vez tan escalofriante.

Y allí, en medio de la noche e hipnotizada por aquellos dos ojos que se me clavaban como puñales en mi frágil corazón, me di cuenta de que el temblor, la sensación de que me faltaba el aire para respirar y las ganas de caer rendida a sus pies, no podían significar más que un enloquecido y ilógico amor, se había apoderado de mi alma. Y al escuchar su melosa y aterciopelada voz cantando todas mis sospechas quedaron confirmadas: cupido me había lanzada una flecha envenenada de ese sentimiento maldito. No se si me arrebataron sus ojos, su figura, si fue parte de un hechizo o si simplemente me enamoré por propia iniciativa, pero me encontré allí perdida ante la mujer más seductora que yo haya podido conocer, iluminada tan solo por las estrellas, las cuales parecía que brillaban más en su presencia, abandonada a la deriva e inevitablemente arrastrada hacia ella, sin poder poner ningún tipo de resistencia.

No pude apreciar nada de lo que la leyenda contaba sobre ese ser; no vi crueldad, no vi maldad, no vi más que la oscuridad de su atuendo, porque aunque parezca increíble, ella despertaba en mi calor, fuego que me quemaba por dentro y me consumía de manera inexplicable.

Numerosas fueron las noches de luna nueva que acudí al mismo lugar, con la esperanza de volver a verla, incontables las horas que esperé paciente a que apareciera de la oscuridad de la noche, interminables las noches en que no aparecía y fugaces las que reaparecía con la mirada perdida en el lucero, buscando algo que al parecer no se encontraba allí. Nunca conseguí acercarme más a ella, sin poder descifrar lo que su canto significaba, sin poder consumir lo que ardía en mi interior por ella, por miedo a romper el encanto de aquel sueño hecho realidad.

La leyenda sigue y sigue inexorable en el tiempo, cada vez más deformada e inverosímil. Muchos son los que la culpan por las desgracias que sin duda ella no ha causado, porque yo se que aquel ser solitario no podría nunca hacer nada malvado, yo se que en el fondo de aquellos ojos negros se alberga una alma atormentada por la hinchada historia de su vida, yo vi en ella calidez e incomprensión, yo vi a la Reina de la noche, a mi solitaria Reina, el deseo inalcanzable, y sin embargo inagotable, de mis noches de Luna Nueva.

 

Crucifixión

Crucifixión

Me duelen las muñecas, los brazos, las costillas… parece que me romperé en cualquier momento y nadie va ha hacer nada para impedirlo. El cansancio de llevar más tiempo del que puedo calcular aquí en suspensión hace que mis agotados ojos comiencen a cerrarse para dar paso a la oscuridad y el silencio en este lugar dejado de la mano de Dios. Todo parece que se calma… el dolor ya ha sobrepasado los límites de mi humanidad y apenas se siente. La oscuridad ya se ha hecho perpetua, no sé si porque ya no puedo abrir los ojos o porque la noche ha caído sin apenas yo notarlo, y calma algo la desesperación que siento por volver a posicionar mis extremidades en la tierra. Unos golpes sordos me despiertan de un tormentoso sueño… están cortando madera y clavando clavos en ella… la pena invade por un momento mi atormentado corazón, ya que eso significa que alguien más va a sufrir lo que yo estoy sufriendo. Unas pequeñas lágrimas recorren mi amoratado rostro al pensar en mi compañero de tormento. Intento enfocar mi vista a los lados, pero lo veo todo demasiado borroso y tan solo distingo sombras. Un aullido de dolor me congela la sangre… es una mujer joven la que esta siendo torturada y ese tipo de grito tan solo puede significar que le han clavado el primer clavo. Tras dos aullidos más el silencio vuelve a invadir el camino en el que estamos. Algo me golpea las costillas causando una mueca de dolor que recorre mi faz. Un fornido hombre me ha lanzado un puñal, rasgando mi piel en una línea rojiza y chorreante. Eso causa unas apagadas risotadas a mí alrededor y otro puñal atraviesa el aire clavándose en mi brazo. Una inesperada furia recorre mis entrañas y recupero algo de visión intentando liberarme de las cuerdas que me sujetan a la madera, pero tan solo puedo dañarme más las muñecas que empiezan a sangrar de nuevo. Con horror veo como el hombre del primer puñal se acerca con un enorme martillo, y con una despreciable sonrisa brande ese instrumento para estamparlo en mis piernas. Un sordo crujido me ensordece por un momento… me ha roto las piernas y el dolor es aún peor de lo acumulado. La cabeza ya no me responde bien… las risas de esos hombres cada vez se me hacen más lejanas y poco a poco una suave brisa me recorre el cuerpo elevándome por encima de todo. Veo mi propio cuerpo inerte bajo mis transparentes pies y decido que no voy a permitir que a mi compañera de tormento le hagan lo mismo, así que flotando ligeramente la agarro, le desprendo el alma de su cuerpo y nos dejamos llevar por esa brisa hasta la inmensidad, escuchando por último un gracias de mi compañera, antes de tormento, ahora de paz.

Una nueva vida

Una nueva vida

Pocas son las veces en que uno es capaz de recordar el sueño que se ha tenido cuando el sol se apaga, pero por suerte de alguna de esas veces puede surgir un magnífico relato completamente onírico y sorprendentemente lleno de sentido. Asi es como se creo este relato, totalmente a partir de uno de mis sueños, tal vez demasiado fictício pero tambien demasiado significativo. Espero que lo podais difrutar queridas y queridos acompañantes en este viaje que sorprendentmente ha tomado un nuevo rumbo.

La muerte de Helena

Muchos años atrás, cuando el mundo tan solo era un rincón del infinito universo lleno de oscuridad y clanes que controlaban por doquier, me encontraba reunida con mi madre en un extraño palacio de estilo indefinible. Por extraño que parezca esta madre no era mi madre, sino la persona que me hizo renacer en un amanecer vampírico del cual jamás me iba a olvidar. Todo ocurrió de repente, no sabría decir cuanto tiempo había pasado, pero en aquel entonces aun no había tenido oportunidad de aprender a utilizar mis nuevos atributos por así decirlo, y supuse que mi “madre” me había llevado a ese extraño lugar dejado de la mano de dios para que aprendiera.

Rodeada de desconocidos, pues, me encontraba en una especie de reunión vampírica, repleta de seres esqueléticos, blanquecinos y con atuendos oscuros y lujosos. Sin darme cuenta me adentré entre la muchedumbre, guiada sin ninguna duda por la curiosidad, ya que esa experiencia era nueva y a la vez extrañamente familiar. Poco a poco se hizo el silencio, cuando un hombre elegante y de edad aparentemente avanzada se dirigió hacia la masa de gente que le rodeaba. No recuerdo exactamente las palabras que pronunció en aquel momento, pero mágicamente apareció en la mano de cada componente de dicha reunión una especie de reloj de bolsillo. Sin embargo, éste no marcaba las horas, minutos y segundos, sino el estado de ánimo y, por así decirlo, los pensamientos de cada poseedor del aparato. No entendí bien el porqué de ese regalo, pero mi creadora me aclaró que era una simple medida de vigilancia que se iba revisando de tanto en tanto por los organizadores, ya que había ciertas normas de conducta en estos eventos, tales como no asesinar a un componente del mismo clan, no entrar en aquellos lugares vetados de entrada y tampoco mantener cualquier tipo de relación con miembros de otro clan; normas aparentemente sencillas de seguir hasta que la tentación llama a tu puerta.

Y así fue, la tentación no solo llamó a mi puerta sino que se adentró sin apenas yo percibirlo.

Sucedió al segundo día del multitudinario evento, en una noche en que salí de mis aposentos guiada por una rara sensación que me inducía los pasos a seguir. Caminando con rumbo desconocido me topé con una mujer bajita de ojos apagados y vestida completamente de blanco, a juego con su enfermiza piel. “Alguien te está esperando” fue lo que dijo, y sin dar respuesta alguna dirigí mis pasos tras los suyos. Me llevó por innumerables pasillos, por escaleras y patios descubiertos, hasta llegar a una enorme puerta de madera, en la cual la mujer de blanco se despidió de mí. Movida por la misma sensación que me había llevado a abandonar mis aposentos, abrí la enorme puerta y me encontré frente a una sala igualmente enorme, con un gran ventanal al fondo por donde entraba la luz de la luna. Observando detenidamente pude distinguir un diván de cuero situado frente al ventanal, encima del cual yacía una figura femenina que observaba absorta la luna. Inconscientemente me aproximé hacia ella, y cuando faltaban pocos centímetros para llegar a su altura, lenta y grácilmente se incorporó para cederme parte del diván. Sentándome lo más tranquilamente que pude, observé que un vestido negro de seda cubría una piel extrañamente bronceada y que su cabello largo y ondulado se confundía con ese vestido. El silencio se empezaba a hacer incómodo hasta que de sus rojizos labios y sus níveos dientes salieron las siguientes palabras:

- Así que nunca probaste la sangre querida Helena…

Y como a una niña a la que están reprendiendo por algo malo que hizo, me quedé callada sin saber que decir y sin saber porqué sentía vergüenza.

- Mmm… dime, ¿y no te gustaría cambiar eso? – dijo mirándome directamente con sus azulados ojos –.

- Sí… – pronuncié como hipnotizada por aquellos ojos –.

El silencio se volvió a posar entre nosotras, mientras ella apartaba su pelo y retiraba el tirante que le cubría el hombro derecho. La miré confusa y algo asustada, porque supuse que me ofrecía su hermoso hombro como bocado, y a pesar de desearlo con toda mi alma, si es que aún la conservaba, tuve que poner algo de sensatez a la situación.

- No puedo… el deseo es demasiado grande, y no sé si podría parar…

- Mmm… muy bien… – parecía complacida con mi respuesta y me miraba con unos ojos sorprendentemente cálidos –, entonces tal vez debamos hacer algo distinto que tampoco has hecho antes…

Sus ojos pasaron de la calidez al ardiente deseo en una fracción de segundo y cuando quise darme cuenta nuestros labios estaban sellados en un abrasador beso, recostando su cuerpo en el diván. Sus delicadas y ágiles manos me desprendieron de mi atuendo que empezaba a molestarme mientras que, con cuidado, retiraba ese precioso vestido para descubrir su suave y cálida piel. Besé todo su cuerpo guiada por la voz del deseo que emergía en gemidos de mi garganta, mientras sus blancas uñas se clavaban en mi espalda al acercarme a la fuente de su placer, rebosante de humedad en aquella recóndita habitación, escondidas del mundo ante la luz de la luna, donde bebí no su sangre, sino sus más secretos fluidos albergados entre sus piernas. A cada murmuro que se deslizaba entre sus labios, sentía más y más mi humedad, a cada beso sentía que la vida volvía a mi cuerpo, a cada caricia sentía más y más la familiaridad de esa bella mujer. Y por un momento la tentación de morder aquel hombro que antes me había ofrecido se coló en mis sentidos, y así pues sutilmente clavé mis colmillos en su piel, obteniendo de ella aquel manjar que tampoco había probado jamás. Por suerte, sus manos deslizándose delicadamente sobre mi pelo me despertaron del trance en el que me había sumergido su sangre y pude parar de beberme la seudo vida de mi amante.

Algunas noches más como esta se sucedieron en un sinfín de placer y dolor, hasta el día en que llamaron a mi puerta para comprobar aquel extraño artilugio. No tuve reparo en mostrárselo, pues mi consciencia estaba tranquila, pero al recordar las normas del encuentro y ver como en esa especie de reloj se dibujaba por arte de magia el rostro de mi misteriosa desconocida el terror se apoderó de mi cuerpo. En los rostros de aquellos individuos se dibujo la más horrorosa mueca de ira y sin poder escapar me arrastraron por pasillos y patios hasta el hombre que dio la bienvenida el primer día.

Me sentí desprotegida ante esa figura masculina de cientos y cientos de años, el llamado Patriarca, que me observaba lleno de rabia. Unos pasos, de repente, se oyeron detrás de mí, y apareció acompañada de dos hombres la mujer que me había ido hechizando noche a noche, con su vestido negro de seda.

Se hablaron por un rato en una lengua que no supe entender, pero por los gritos del anciano comprendí que habría consecuencias para las noches que había pasado en compañía de mi amante. Y la conversación acabó cuando el Patriarca profirió un grito que estremeció la habitación entera y me señaló con su iracundo dedo, saliendo así de esa estancia.

El silencio se posó sobre mi persona mientras el delirio de mis días se acercaba apenada.

- Helena… mi querida Helena… no se ni por dónde empezar…

- ¿Qué va a pasar ahora? – pregunté con miedo, aunque la respuesta ya se asomaba en los ojos de mi amante –.

- Si el Patriarca no fuera mi padre, tal vez podría compartir contigo la condena… pero me obliga a dejarte sola ante las consecuencias… Verás, él no aprueba que yo me pueda enamorar de quien quiera… Y lo peor de todo… lo peor es que ha ido asesinando a todo aquel que ha entrado en mi corazón….

Aunque la idea de la muerte me aterrorizaba, ya que esperaba vivir hasta el fin de los días vagando por el mundo, no pude hacer más que hacer una última pregunta.

- ¿Me dirás tu nombre, al menos?

- Claro… – dijo sonriendo por mi desconcertante demanda – Me llamo Nia…

- Nia… – repetí suavemente mientras acaricié su rostro, memorizándolo ante la idea de perderla para siempre –.

- Helena, no puedo permitir que esto ocurra… No puedo imaginarme la eternidad sin ti… – pronunciaba mientras sus azulados ojos desprendían pequeñas lágrimas que se resistían a salir –.

- Querida Nia… sé que no es la primera vez que nos encontramos… me eres demasiado familiar como para pensar que no he estado contigo antes… la muerte no me separará de ti, lo sé, ella me reunirá contigo en otro lugar, en otro tiempo…

Mi amada dejó al fin que se desprendieran tantas lágrimas por su hermoso rostro como necesitaba en aquella tímida despedida. No supe como consolarla, nada más pude que besarla una última vez más para morir con esa cálida sensación que me llegaba hasta lo más hondo de mi ser.

Todo sucedió muy rápido, sin apenas poder pasar unos segundo más con la mujer a la que amaba, ya me estaban arrastrando hasta lo alto de una torre, en la cual se hallaba un pozo con afiladas lanzas, colocadas para el fin que me esperaba. Pensé en lo irónico de la situación, en que aún siendo una vampiresa, que se supone inmortal, la muerte me esperaba en el fondo de ese pozo, en una inevitable caída de metros y metros hasta que mi enamorado corazón se rasgara en la punta de alguna de esas lanzas.

Al borde del abismo, ahí me encontraba despidiéndome de mi vampírica vida que tan poco había durado, pero que sin duda me había aportado más que mil vidas mortales. Y entre las mil miradas de reproche y desaprobación, ahí estaba ella, llorando a mares una vez más. Tan solo pude sonreírle con la poca fuerza que me quedaba, dispuesta a saltar al vacío y prometiéndole con mi mirada que la volvería a encontrar. De pronto, al haber girado el rostro mirando a la muerte a los ojos, noté unas manos cálidas que rodearon mi cuerpo que se abandonaba a la muerte, las mismas manos que me acogieron durante las noches de mi estancia en ese condenado castillo, las mismas manos que me pararon cuando más lo necesitaba, las mismas manos que me recorrían el cuerpo cada noche, esas manos que me invitaron a saltar acompañada por la mujer de mis sueños, por la vampiresa de mis fantasías hacía el nuevo amanecer.

No sé si Dios existe, no se si el destino es una inexorable cadena que se repite en un torbellino de coincidencias, lo único que sé es que mi vampiresa ha vuelto a mí, con otro nombre, con otro aspecto, en otro lugar de otro tiempo, dónde mi nombre ya no es mi nombre y la muerte de Helena fue el comienzo de mi nueva vida junto a ella.

El nacimiento del Sol

El nacimiento del Sol

Des de hace ya tiempo, se han escrito miles de historias que intentan explicar el origen de todo aquello que nos rodea, así pues aqui os dejo una historia de propia cosecha sobre el nacimiento del Astro Rey. Espero que la disfruten.

Historia del Sol

 

Era se una vez una joven princesa, linda como ninguna, amada por todos, que, cansada de los lujos que le rodeaban, decidió emprender un viaje de este a oeste para contemplar las maravillas que el mundo le reservaba. Pasando entre ríos y montañas, bosques y prados, la princesa recorrió las tierras más fértiles y las más remotas, impregnándose de la flora y la fauna de los bosques y del silencio y quietud de los desiertos.

En el recorrido de su camino, la bella princesa irradiaba amabilidad y cariño a cualquiera que lo necesitara, iluminándolos con su belleza, que ni Elena de Troya poseyó en sus mejores días, y abrazándoles con la calidez de su alma.

Entregada por completo a los demás, la joven princesa siguió su camino, dejando un rastro de color único e inigualable, haciendo nacer flores y animalitos a su alrededor, creando vida a doquier. Tal era la magnitud de su belleza y amabilidad, que un viejo brujo se fijó en la joven princesa, dispuesto a arrebatarle ese extraordinario poder.

Así fue como, tras urdir un malévolo plan, el brujo se dispuso encontrar a la joven y arrebatarle aquello que le había sido concedido por naturaleza.

Así pues, la joven princesa se encontró con el viejo brujo, el cual se hizo pasar por un enfermo anciano. Ante tal desconsolada imagen, la joven se acercó al anciano y lo acunó entre sus brazos, pensando que así aliviaría su dolor. No obstante un momento en que el viejo se dejó inundar por la calidez de la chica, éste agarró un puñal y, pronunciando un extraño hechizo, se lo clavó en el corazón, dejando a la princesa desangrándose al borde del camino. El viejo esperó a que gritara o le maldijera, pero contrariamente ella se quedó observándole con una mirada de compasión. Ante ese gesto, el brujo se indignó y vio como el hechizo que había proferido en lugar de traspasarle los poderes de la chica hizo que ésta se iluminara con una dorada luz y la elevara hasta las estrellas, dejándola, así, terminar su camino.

Así es como el Sol, la estrella más resplandeciente del firmamento, se encuentra recorriendo su camino de este a oeste, iluminando y cegando con su belleza a todos aquellos que elevan su vista para poder contemplarla, inundando los corazones con su dulce calidez, dando a conocer la belleza del mundo con sus infinitos rayos.

 

Cuando el amor llama a tu puerta...

Cuando el amor llama a tu puerta...

Este pequeño relato, se lo quiero dedicar a una nueva personita que ha entrado de forma espectacular en mi vida, arrasando con todo y que definitivamente ha entrado en mi corazon y se ha instalado confortablemente en él. Para ti Nia.

7 días

Cuando el amor llama a tu puerta, siempre cabe la duda de abrir o no, de abrir porque esa sensación inacabable de felicidad perpetua te enriquece por dentro, ese brillo que el mundo adquiere te invita a vivir un día más, ese sin fin de besos y de caricias te hace sentir realmente viva, esa infinidad de sentimientos inmensos hace que te sientas completa; y de no abrir, porque el dolor puede ser inmenso si un día decide irse tal y como vino. El amor puede llamar a tu puerta si, pero cuando el amor no llama si no que directamente derrumba la puerta, no hay dios que pueda negarse a él. Y tan solo hacen falta siete días, solamente siete.

En el primero, el amor discretamente se asoma a tu rellano, te saluda con delicadeza y descubres que hay ciertas similitudes. En el segundo, el amor se hace el distraído, apenas se deja notar, porque lo que pretende es meterse en tu cabeza sin apenas aparecer por escena, ya que en el segundo día el amor no se pasa por el lugar, pero ya se ha empezado a meter en tu corazón. El tercer día aparece tranquilamente, y sigues encontrando cantidad de similitudes que te atraen más y más, compartís ciertas vivencias y no tarda mucho en enviarte un sinfín de piropos y halagos que intentas resistir, pero que definitivamente te llegan hasta el alma. El cuarto día se parece enormemente al tercero, siguen los piropos, siguen los halagos, que se combinan con bromas diversas, algunas subidas de tono, pero no importa, pues en el fondo, algunas de ellas no te importaría que fueran verdad. El quinto día ya es mas intenso que los anteriores, porque sabes que tu puerta ya empieza a derrumbarse, presientes que no falta mucho para que caiga, pues el amor empieza a hacerse irresistible, te ves arrollada por esa corriente inevitable que te arrastra hacia él. El sexto día ves que inevitablemente tu puerta se ha derrumbado, que el amor ya ha entrado en tu vida, pues te ha dicho que se ha enamorado, e irremediablemente te cuestionas la rapidez de la situación, la intensidad de toda ella, la infinitud de sentimientos que hay en tu interior, pero en el fondo de tu corazón sabes que es inútil resistirse, pues ya te has enamorado también, todas las fortalezas han caído, los muros han dejado de existir y te rindes de forma irremediable. Y por último, en el séptimo día, en soledad, te das cuenta que cupido no te ha lanzado una de sus flechas, sino que este te ha disparado a quemarropa con una pistola llena de amor y deseo, pues lo sientes todo tan dentro, tan hondo que no puedes pensar en otra cosa, porque cuando el amor derrumba tu puerta, es imposible resistirse a él y no queda más que dejarse llevar de nuevo por la felicidad que tan solo el amor puede aportar a tu vida.

 

Con el calor del verano

Con el calor del verano

Bueno queridas y queridos, hoy es un día de esos en que realmente hace bastante calor, cosas que tiene el agosto en el hemisferio norte. Así pues, he rescatado una de esas historias que parece que tan solo pueden pasar en verano. Aquí la dejo, y a disfrutarla.

Tras el oscuro cristal

 

Y así como surgen los antiguos dioses del Olimpo, de la nada y del todo, surgía tu cuerpo húmedo de las aguas, en un caluroso día de verano de años atrás, como una gloriosa imagen eterna en mi memoria. Tus rubios cabellos resplandecían a la luz del sol de mediodía, contrastando con tu blanca piel cubierta de resbaladizas gotas de agua cristalina. Allí, en aquella piscina de barrio, rodeadas de una infinitud de adolescentes agitados y risueños, allí estabas tú, ante mis ojos escondidos tras el oscuro cristal. No se si era deseo o admiración lo que mis ojos querían rebelar al mundo, pero en ese preciso momento, todo quedaba oculto, incluso a mi inocente pensamiento.

Por eso mismo huí, necesitaba alejarme ante el alarmante calor que desprendía tu figura, ese fuego que me recorría de principio a fin, la llamada del deseo. Me quise esconder del sol, de la gente, de todo, y la ducha del vestuario fue el refugio que me acogió en aquel momento de desesperación. El agua que me recorría el cuerpo parecía salida del mismo infierno, no bastaba para calmar mis inquietas entrañas, nada bastaba para borrarte de mi mente. Pero allí estabas tú de nuevo, envuelta en una toalla mientras yo salía de mi frustrado baño. Allí, resplandeciente como siempre, con una sonrisa en los ojos. No recuerdo que palabras pronunciaste con tus rosados labios, no recuerdo que me preguntaste, tan solo pude mirar, atónita, como te desprendías de aquellos fragmentos de ropa que apenas cubrían tu desnudez, como te disponías a humedecerte aún más, como tu delicado cuerpo se movía al compás de tu cabello, como te alejaste despacio de mi. El rubor me cubrió el rostro, apenas supe porqué en aquel entonces, ante esa fotografía que perdura en mi memoria, dónde aparece tu desnudo cuerpo, con su blanca piel bañada en la luz del mediodía, como un fantasma del pasado en el presente, en mi día a día, como uno de mis interminables sueños con un millón de posibles finales después de una eternidad sin verte.

Un día cualquiera

Un día cualquiera

Hoy queridas y queridos visitantes en este viaje a través de sentimientos y palabras, parece ser un día cualquiera, sin nada de significada, pues es un 26 de Agosto como cualquier otro, pero la diferencia entre este día y cualquier otro es su número, pues no es ni 5 ni 18, es 26. Con esto quiero decir que en algun momento o otro de nuestras vidas los números nos marcan, nos hacen recordar momentos bonitos, tristes, alegres, trascendentes, irónicos y todos esos adjetivos que pueden calificar los días de nuestras vidas. Resulta pues, que el 26 para mi es un número que me marcó, pues en un 26 tuve el placer de conocer la musa que me inspiró y me sigue inspirando des de algun remoto lugar de este universo. Es esta esencia divina, mi musa, la que hace posible que escriba y saque a la luz lo más bello que llevo dentro. Así pues, queridas y queridos amig@s hoy quiero rendir tributo con un pequeño texto a mi musa, para que me siga inspirando des de su hogar. Gracias por seguir ahí.

 


Tú, musa que me inspiras, de ti salieron las mil maravillas plasmadas en palabras, gravadas a fuego en la memoria. Tú, musa que me confundes en un ir y venir de sentimientos, un contigo y sin ti, en un falso intento de perpetuar el sueño. Tú, musa que iluminas el invierno y das calor, alegras el otoño de primaveras sin fin. Tú, musa que emerges de la profundidad de los cielos, que viajas inexorablemente entre el presente y el pasado. Tú, musa que escapaste de mis fantasías, convirtiéndote en el anhelo de mis días. Tú, musa incansable que irrumpes en mí día a día, dueña omnipotente de mi vida. Tú, mi eterna y amada musa, dueña de mi alma y corazón, escondida tras las lágrimas de la soledad, sueño sin final, desapareces y reapareces al despertar, como deseo inalcanzable, fantasía de vigilias, luna de mis noches, sol de mi días, estrella incandescente e inalcanzable, musa, eterna musa, ¿cuándo me reencontrare en tus ojos?

El viaje comienza en el bosque...

El viaje comienza en el bosque...

Bueno querid@s viajer@s, la aventura comienza con este relato ubicado en las profundidades de un bosque. En algun momento u otro de nuestras vidas, el miedo a aquello que creemos que nos persigue se ha apoderado de nosotr@s, y en eso mismo se basa este relato. Así pues, demos comienzo a la aventura.

En el bosque

 

Intentas escapar… sabes que voy en tu busca, que te estoy detrás, acosándote en este oscuro bosque; pero de nada te servirá correr. Tus ágiles y atléticas piernas no te servirán de nada… el deseo es más fuerte que tu carrera por escapar. En el fondo se que deseas tanto como yo que te atrape; aunque intentes escapar, ese deseo te traicionará. Por fin te alcanzo en un último salto. Alargo mis brazos y te envuelvo con ellos en un violento intento de mantenerte cerca. Te resistes, pero tan solo pronunciarte unas suaves palabras cerca de tu oído son suficientes para aplacarte. Y así, acunadas por la oscuridad y el silencio, por fin te entregarás a mí bajo el árbol que ha sido testigo de tu aplacamiento. La suavidad de tu blanca piel resplandeciendo bajo la luz de la luna me deja absurdamente sin palabras. Todo empieza con algo de suavidad, recorro tu rostro con mis labios recibiendo como respuesta suaves gemidos que conforman una excitante melodía y que surgen del fondo de tu ser. Abandono tu rostro para recorrerte ese grácil cuello, en el cual marco mis dientes haciendo que te estremezcas ligeramente. Se que deseas más, que tan solo es el principio, que tu hermoso cuerpo clama por más, y como obedeciendo a una extraña voz interna, te rasgo la ropa en un repentino ataque de furia para encontrarme con dos temblorosos pechos agitados ante tal ataque. Los beso apasionadamente, haciéndote temblar, provocando en ti una reacción que mis piernas notan ante el contacto con el centro de tu cuerpo. Pero necesito más de ti, necesitas más de mí y succionando y mordiendo tus blancos pechos parece que tiene que cesar esa necesidad, pero sin embargo crece más y más. Entonces mis manos recorren tu terso vientre para llegar allí donde tu cuerpo clama por ser acariciado. Acaricio con fuerza tus muslos, recorro su parte interna sorprendiéndome ante la calidez que emanas. La extraña voz me guía de nuevo, y tu respiración expectante y entrecortada me indica qué necesitas, qué necesito. Así que mis labios se posan en la calidez de tu cuerpo, aspirando ese embriagador aroma que desprendes. Mi lengua comienza a recorrer el lugar, dándome a probar el más placentero sabor que jamás haya probado: el sabor a ti. Un furioso gemido emana de tu garganta que se convierte en música para mis oídos, en un indicador para que siga. De tus labios surge la palabra mágica: clamas por más. No necesito más indicador que tus dulces y extasiantes palabras. Muerdo levemente tu clítoris, succionándolo para que tu cuerpo se estremezca vigorosamente. Pero no es suficiente, quiero estar dentro de ti, quiero sentirte y que me sientas mas cerca que nunca. Me introduzco en ti, estás ardiendo por dentro y a cada embestida ese calor aumenta, aumentando con él el estado de éxtasi que sentimos. El ritmo se hace cada vez más intenso, más furioso, más acelerado. Una mezcla de estremecimientos, respiraciones entrecortadas y gemidos se disuelven en el silencio de la noche, resonando entre los árboles de este bosque. Pero todo va a terminar ya mi amor, una última embestida te llevará al clímax, y así, abres enormemente tus ojos verdes, me miras directamente… tu mirada quema… tu rostro refleja el desenfreno y te estremeces violentamente bajo mi cuerpo, emitiendo un último grito que te traslada a otro mundo… Y después de recuperar tu aliento entre mis brazos, quedas unida a mí, buscando cobijo ante el mundo… quisiste escaparte, pero ahora eres más mía que nunca.

 

Espero que les haya gustado, y ya saben, se admiten comentarios, críticas constructivas, críticas destructivas, sugerencias, etc... aqui mismo, en lenita_kat@hotmail.com o en silviacalmet@hotmail.com

 

Un nuevo viaje

Un nuevo viaje

Sean bienvenid@s a lo que va a ser un nuevo viaje, el objetivo del cual no es descubrir nuevas tierras, sino descubrir como mirar al mundo con unos nuevos y renovados ojos. Este va a ser el lugar de la libre expresión, de la expresión diferente, donde no existe tabú alguno y donde va a predominar el relato, lésbico en su gran medida, la poesía y cualquier expresión literaria que las musas me transmitan.

Comienza el viaje...