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Phrases for Embraces

Electric Lemonade

Electric Lemonade

Una estación llena de gente... qué estrés... por no decir escuatro...  Una puerta que te aleja, un control, un sinfín de equipaje que emite pitidos... Policía... Y ese sentimiento extraño arraigado en el rincón más escondido del alma... ¿Por qué? No lo sé... Naturaleza humana, supongo... Me oprime en los lacrimales...  Me queman los ojos, no sé si por exceso de humo o por esa sensación ajena a mi raciocinio... Ciertos resquicios de alegría me quedan, puesto que es necesario... muy necesario... Tú creces... has crecido mucho, más de lo que se puede conmensurar... Crecimiento inconmensurable... Pero a mi también me toca crecer... Se termina una etapa, lo sabes... Pero empieza otra... que tengo tantas ganas de abrazar...

Los finales siempre me parecieron tristes... se han apelotonado las lágrimas en mis mejillas al desaparecer el sol... pero ya se termina... ahora todo lo veo azul, azul pocoyó, azul eléctrico... Me gusta el azul...

 

Esperando tu regreso... el regreso del nuevo comienzo...

Hoy (me) vi llorar

Hoy (me) vi llorar

Hoy vi llorar a una mujer en el tren. Iba sola en un rincón, apoyada en la puerta, mirando hacia el exterior. Me pregunté qué podía ser aquello que tan triste la había puesto, dejándola llorar en silencio, sin amago alguno de querer esconder sus lágrimas, o, a lo mejor, sin poder controlarlas… La ruptura con una pareja, la muerte de un familiar, una discusión grave, algún tipo de catástrofe… ¿Por qué la mente humana tiende a pensar en las mayores barbaridades del mundo cuando ve a otra llorar? ¿Empatización quizás?  Sentí su dolor en mi corazón, se me desangró el hipotálamo… Quise consolarla pero se me paralizaron los sentidos… Seguí mirándola y la sentí dentro de mí… tan dentro… tanto, que al girar mi rostro hacia la ventana que daba al exterior me encontré con su reflejo en mi propia faz…

Mi lucha

Mi lucha

Las gotas forman hoy un Pollock en mi ventana, esparcidas por la voluntad del viento y los caprichos del viaje. A la batalla, me dirijo a luchar por lo que creo y siento, porqué es mi deber, hacer del futuro de esta sociedad un algo más tolerante y respetuoso, un mañana donde el sol brille sobre un horizonte de problemas y discordias... Y mis manos estarán llenas de sudor y lágrimas, mi cerebro a punto de estallar y mi garganta completamente desgarrada, sangrando cansancio y tristeza, pero sigo ahí, dando la máxima del todo por el todo, porqué mis creencias y principios me obligar a seguir luchando contra prejuicios, discriminación social, pobreza, malestar familiar... Mi lucha es esta, usando los medios de los que dispongo: una sonrisa, una palabra, una explicación, un grito, una lágrima, mi corazón... Sigo luchando porqué así me lo pide mi consciencia... no opto por el silencio... Opto por seguir viendo el Pollock de la ventana del mismo tren cada día de los que me quedan. Porqué es mi lucha... y no me rindo.

Elecciones

Elecciones

Blanco o negro… mar o montaña… carne o pescado… izquierda o derecha… arriba o abajo… vida o muerte… Elecciones y más elecciones… Todo viven ese equilibrio que los orientales bautizaron con el ying y el yang, armonía y caos… siendo la vida como una montaña rusa inacabable… A veces si… a veces no… Y se suceden los días como una interminable cadena de decisiones, una eterna elección de caminos… Ahora aquí… ahora allá… es inevitable… La elección esta hecha des del primer momento… Ya lo dijo Shakespeare: “to be or not to be, that is the question”… Ser o no ser… tuya… elecciones, elecciones, elecciones…

Desacompasado

Desacompasado

Hace ya mucho tiempo que no escribo, el mismo tiempo que hace que los viajes de dos paradas perdieron la música... Sigo viajando igual, mirando ciudades pasar, observando el cielo que atraviesa la ventana, ese cielo que milagrosamente hoy ha unido dos países. Y me sigue latiendo el reloj, figuradamente desacompasado, intentando que se acompase al tuyo, literalmente desacompasado, para que se encuentren en un espacio y momento indeterminados... Mientras sigo echándote de menos... Y sigue latiéndome en la sien ese miedo visceral, no sé si a perderte o a perderme...

Las cosas siguen sin cambiar, sigo viajando en limusina de peatones, viendo como pasan las ciudades, los paisajes, los días, esperando que en algún momento el cielo que yo vea sea el mismo pedacito de azul que te cobije a ti... Puedo esperar(te)... o no... pero al menos sigo latiendo...

Y si...

Y si...

Y sí... esa sensación se alberga muy dentro de mí... y quiero negarla, pero cuando tú preguntas sale esa parte innegable de mí...

Y es extraño, puesto que no puedo explicarlo... me dejas sin palabras... y seguimos el mismo camino, como si nada hubiera pasado, como si estuvieras tan cerca como ayer y tan lejos como mañana...

Y me sigues leyendo... esos textos que ocultan los mil y un secretos, válvulas de escape varias, que redacto para todas aquellas personas que quieran leerlos... como tú...  ¿Escribo para ti? Sí... No... No lo sé... ¿Para qué escoger una opción?

Y si... sigo con miedo... miedo a dejarme llevar... miedo a conducirme hasta aquel lugar...  para qué engañarnos... te tengo miedo...

Lo sé... es complicado... quizás no arruinemos la vida por el camino... pero si... lo sabes... lo sé... lo sabemos... aún sigo viendo las estrellas a través de un cristal empañado...

 

 

...Et trobo a faltar...

 

Olvidemos

Olvidemos

Hoy llueve... llueve como hacía tiempo que no llovía... Las calles están empapadas, los coches patinan, la gente corre... Llueve y llueve... y te olvidaste el paraguas...

Mojado... todo esta mojado... y te mojas... se te empapa hasta la molécula más pequeña de tu cuerpo... y se te moja el alma... como llueve...

Permíteme que te recoja con mi paraguas... ese paraguas multicolor, con un sol dibujado en su interior, y protegerte de las tempestades de la calle... Refúgiate bajo mi paraguas, acompáñame a lo largo de las calles encharcadas, olvidemos que fuera de mi paraguas el sol no brilla, pero sonríe(me)... sonríe(me) hasta que vuelva a salir(me) el sol en el cielo...

La servilleta inconexa

La servilleta inconexa

Un sueño postergado, un cielo seminublado con ganas de nieve, una brizna de melancolía en la mirada, una fotografía, una mujer cantando(me) al oído, una figura literaria prestada, una tortuga blanca, un tapete verde bicolor en blanco y negro, un poco de invierno en los huesos, una cobertura de cartón con conocimientos dentro, un rasgueo de seis cuerdas en el sentido, un caprichoso secreto, un viaje en limusina de peatones... y gritando callamos al miedo desafinando la soledad...


Y parece una broma de esa entidad cósmica que todo lo controla... llámale destino, casualidad o causalidad. Sacada de expediente X pareció aquella servilleta, pero el pedacito de papel recoge pensamientos inconexos de un viaje de dos paradas. Es la inconexión de esa ramera de calidad (figura literaria prestada), que podría redefinirse como la gran inconexión de inconexiones.... Se me termina el viaje y también la canción... Se ha convertido en una servilleta inconexa...

 

Cucharadas de vida...

Cucharadas de vida...

Si fueran cucharas, removería para siempre con palabras mis cafés...

El problema de escribir sobre el tamagochi que llevamos dentro es reconcerse en cada una de las cucharadas. Te veo a ti, me veo a mí y veo a todas aquellas personas que me siguen (re)moviendo...

Hoy se me desacompasa el tamagochi con esta calma, con una sensación de opresión en el pulmón... porqué te veo a ti, me veo a mí y a todas aquellas personas que me siguen (con)moviendo...

Y se me acabalgan en el oído sonidos que jamás había escuchado, entrelazándose en memorias recién construidas, invocando recuerdos de un futuro silencio... porqué te veo a ti, me veo a mí y veo a todas aquellas personas que se mantienen (ina)movibles...

Hoy me habla aquella musa caprichosa, la que me dicta palabras ilógicamente lógicas, esa que me enamora y me acuchilla, esa que me hace verte a ti, verme a mí y ver a todas aquellas personas que me siguen (des)enamorando...

Escribiendo en la ajenidad de una cama...

Escribiendo en la ajenidad de una cama...

Viaje de dos paradas, primer vagón, me apoyo en un rincón... queda una canción y media para llegar. Suenan los medios acordes y me invaden el espacio vital, con ese extraño estrés pintando en la cara. Paro las voces en mis oidos y llegamos... Escaleras mecánicas que subimos andando como si por ellas mismas no nos fueran a llevar... qué irónico... Otro tramo de escaleras a subir mecánicamente y espera el autobús. Se acumulan veinte persones en fila de uno, ocupando el mismo lugar, estresadamente expectantes a la misma máquina... asfixia de transporte público... Unas paradas más a la suma y se termina el estrés... El cielo se ilumina con nubes que reflejan la claridad lunar... viene Morfeo para llevárseme de relajado y antiestresástico viaje... por fin...

...Escribiendo en la ajenidad de una cama...

A través del objetivo...

A través del objetivo...

Tres piernas metálicas sujetan esa pistola capturadora de momentos... una luz ilumina la retratada... se mueve y se mueve, jugando y bailando con las sombras y los reflejos... un segundo capturado en un momento, en una pantallita digital, en un archivo informático, en una mirada de soslayo... Tú me miras, yo te miro, nos miramos... Que dulces momentos, ya lo pone en las portadas de los álbumes de fotos americanos... Sweet moments...

Unas risas, unos suspiros, una postura, un brillo en la mirada... contraste, iluminación, degradado, pose, separa los labios, abre los ojos... Otra exposición más, mientras en un segundo el objetivo captura toda la luz que se desprende de ese momento... Es difícil aprisionar ese segundo en el recuerdo, pues las brumas de la memoria retocan esos momentos cual Photoshop... Menos mal que la fotografía tiene la magia de capturar en un segundo la belleza de un momento, además de conjurar el recuerdo de lo que envuelve ese segundo...

Todos somos artistas... y lo hacemos precisamente por amor al arte...

Paseo por mi silencio...

Paseo por mi silencio...

Paseo por las calles de una ciudad que no es la mía, con el frío abanicándome las ideas... Veo a muchos niños jugando, corriendo a pesar de ese viento invernal, inventandose burbujas multicolor... Inevitable sonrierme... Paseo y paseo, de camino a la estación, con Rafa Pons susurrándome al oído... Mi lumisina me recoge, esa limusina de peatones que me ha de llevar a casa... Me rodeo de gente que no conozco, pero sin embargo me son familiares... Supongo que es la familiaridad de la costumbre, siempre en el mismo tren, en el mismo vagón, en el mismo rincón apoyada...

Paseo por las calles de mi ciudad... y parece que no sea mía del todo... El frío me sigue abanicando las ideas, congelándolas e inutilizándolas instantáneamente... Se congela mi reloj con este frío... Me siento triste y no sabría decir el porqué de esa sensación, aunque también es familiar por costumbre... Que ganas más tontas de bañarme la cara de agua y sal... Derretirme los muros en un instante, y dejar que fluyan, libremente y sin impedimentos, calentándome las mejillas... Lloro, y lloro porqué me da la gana... No le encuentro otra explicación... 

Paseo por las calles de mis pensamientos... y no encuentro nada... no vislumbro la razón de... veo puertas y más puertas, cerradas a cal y canto... ni yo misma me puedo transpasar los muros ya... ¿Me convertí al final en una fortaleza inexpugnable? Tal vez... ni yo misma lo sé... Tan solo queda una puerta de madera, por la que aún entra algo de luz... Ya lo dicen, si se cierra una puerta se abrirá una ventana... pero no hay ventanas... puertas y más puertas, y tan solo por una entra luz... pero sigue cerrada...

Paseo por las calles de mis sentimientos... y están desiertas... silencio...

Elevando burbujas

Elevando burbujas

Jabón... agua... una cuerda... algo de aire... y puf, rebentó. Una calle cualquiera nos regaló un par de burbujas, con su reflejo tornasolado, y el aire que las hinchaba más y más...

Casi transparentes nos rodearon, envolviendo la escena de pequeñas salpicaduras cuando, en una tarde tonta, las inventamos en tu patio... A penas una caricia y se transmutaban en su naturaleza básica... agua... jabón...

Deja que me invente una burbuja especial, de esas que puedes penetrar sin miedo a que se vaporice, y habitar en ella tomándote de la mano para sanar(te)nos esas heridas que escuecen aún... Ya no me golpeo contra una burbuja de metal, ni sangro sobre su superfície... Dejo que ese agua tornasolada llene mi vida de color y aire...

Déjame dormirme en tu burbuja de crisol, llenándome de agua y color... y elévame... elévame muy alto...

 

Sonriéndo(te)

Duele

Duele

Noche... oscuridad... Tan solo veo tres punto de luz deformados por las atrozidades de la miopía... Una cama que no es la mía refugía mi cuerpo cansado y dolorido, intentando buscar alivio en los brazos de Morfeo... Te echo de menos... Acaricio un collar que se ha convertido en pulsera... Me oprime la muñeca... y el corazón... La luz de esta pantalla me comienza a deslumbrar... me duelen los ojos de ver palabras destinadas a un ente ilusiorio... Morfeo, llévame... Noche... oscuridad... tres puntos de luz deformados y una pantalla que se apaga...

Sonríe(me)

Sonríe(me)

Si pudiera confesar todo lo que mi mente oculta, me faltarían línias, palabras y letras, más sus correspondientes silencios, para reunirlas todas en un escrito... Siento miedo, alegría, pena, felicidad, y todos los contrapuestos en una misma vorágine de emociones... Pero algunas cosas quedan claras tras esa tempestad de sentimientos... Claras cual riachuelo tropical.

Si, lo sabes, me encanta cuando sonries, cuando feliz como una niña, me ganas a cualquiera de los juegos que jugamos... Adoro ver esa carita de felicidad, única y sublime, que me dedicas cuando te regalo parte de mi creatividad, cuando nos reimos por cualquier nadería, cuando simplemente me sonries por sonreir (esa son las mejores). Me gusta cuando compartimos las horas, llenas de billares, cafés, apuntes incluso, repletas de confesiones, lágrimas a veces, risas sinfín...

Podría confesarlo todo... o nada... no lo sé, la verdad... Pero mis palabras me quedan cortas y mis silencios demasiado largos... Más vale absorber esas sonrisas en mis pupilas, reflejarlas en las tuyas y seguir navengando en la vorágine de mis impresiones...

Te vas...

Unas horas y se acabó... esa agonía placentera, ese cielo tortuoso... Se termina... No ha habido despedida, total, ¿para qué?  Parece ser que tanto da ese último suspiro que nos quedaba... tú fuiste especial... yo no lo sé... tú fuiste dolor... yo fui amor... te vas... te vas sin más... jamás entenderé el porqué de estos últimos días... ese silencio sepulcral... ese matrimonio fugaz... se acabó... no hay más...

Mi corazón no puede atender a razón alguna, porqué no tiene razones para justificarlo... Se pone punto y final a un adiós ilusorio...

Consuélame las lágrimas con besos...

Consuélame las lágrimas con besos...

Consuélame las lágrimas

Hace a penas cuarenta y cinco días que te conozco, mil ochenta horas de inagotable comodidad, de impactante complicidad, de mutua devoción… A penas queda la mitad de ese tiempo para que se separen nuestros caminos… Por favor, ¿me secarás las lágrimas con besos? ¿Me acunarás en tu pecho? ¿Contestarás a la interrogación albergada en mis ojos y que se ahoga en mi garganta? Quisiera dejarte ir sin más, olvidar todo lo que ha ocurrido para no sufrir más, pero está claro que te has colado en mí e inevitablemente me posees. Abrázame una última vez antes de que el adiós me reviente en los oídos.

Qué ganas de…

Qué ganas de escribirte la canción más bonita del mundo, dedicarte des del primer verso hasta el último acorde, desde la nota más alta hasta el silencio más profundo. Qué ganas de dejarme llevar en un papel, contarte que a penas duermo, que a penas pienso en pensar, que a penas me acuerdo de lo que significa sentir lo que no sé si siento.

Nunca se me dio bien poner las cartas sobre la mesa, aún así creo que eres de las pocas con las que merece la pena jugarse la baraja entera. Intento no pensar, dejarme llevar, olvidar cómo era y aceptar lo que es… lo que soy… Qué ganas de…

Perdición

Perdición

Quemándome el hipotálamo

Deseo irrefrenable que navegas y naufragas en mi piel. Fuego ardiente que me quema la lógica y el raciocinio. Incomprensible perversión que ha anidado entre mis piernas. Que confusamente claro que es el capricho de tenerte aprisionada entre mis brazos, hundiéndome en tu calor interior embistiendo una, dos, tres, cuatro veces, bailando en tu/mi cintura, cual desesperado baila para sobrevivir. Qué poco importan las situaciones varias, cuando el ahora arrasa y me quema el hipotálamo, empujándome inevitablemente hacia la perdición más absoluta entre tus piernas.

 

Ordenando sentimientos y de paso... haciendo limpieza

Ordenando sentimientos y de paso... haciendo limpieza

Ordenando sentimientos

Eterna la pregunta, omnipresente a cada instante: “¿cambiaría en algo si te dijera que nadie te va a querer nunca tanto como yo te quiero?”. Supe desde el primer beso que sentiría algo muy fuerte por ti, que me costaría aceptarlo también y que sufriría al vivirlo. ¡Qué poco me importó! Aún así me guardé mucho para mí, pues siempre he creído que era mejor no estropear lo que tenía diciendo lo que sentía. Sabes, yo podría haberte dado todo, podría haberte querido como nadie, podría haberte hecho sentir lo que nadie te ha hecho sentir, podría haberte bajado la luna del cielo si me lo hubieses pedido, porqué te quise, te quiero y te querré como nadie lo ha hecho. Podría haberme enamorado de ti. Sin embargo no me dejé ni me dejaste. Me di todos los golpes que quise contra tu burbuja, me abrí todas las heridas que tenía por abrir y lloré todas las lágrimas que tenía por llorar. Y no conseguí más de lo que me quisiste dar, frenando cuando querías, acelerando cuando lo deseabas, todo en una montaña rusa. Ahora te digo todo esto porque ya he llegado a mi límite corporal-psicológico, no puedo golpearme más contra tu muro. Me duele el corazón y no he abierto más que rendijas por las que no puedo pasar.

Ahora, ordenando sentimientos y haciendo limpieza me he encontrado con esto, y a pesar de que me duela, prefiero guardarlo en un cajón, en el más profundo y oculto de todos, pues no puedo vivir de algo que no tiene vida, no puedo seguir sangrándome contra una burbuja de metal. Me quedo con el café con agua que me das para seguir adelante.

Escribiendo...

Escribiendo...

 

Querida profesora

Querida profesora,

Muchas han sido las horas que hemos compartido encerradas en una misma aula, rodeadas de decenas de ojos que contemplaban mis banales intentos por captar tu atención. La mayoría de estos intentos te los tomabas como una rebeldía típica de una adolescente en plena eclosión, pero sé que en el fondo entendías que mi único fin era el de que estuvieras atenta a cada acción que realizaba para que tus ojos se posaran en los míos. Gritos, peleas, interrupciones en clase, todo lo que la expresión “mal comportamiento” lleva consigo implícita era como se podría describir esa búsqueda de atención por tu parte, que combatías a base de castigos y horas extras en la escuela, y que evidentemente para mi no eran castigo alguno, pues conseguía lo que pretendía: estar contigo.

Tantas horas habremos compartido en silencio, con miradas de soslayo que nunca coincidían en el mismo punto, pero siempre estaban presentes y expectantes de conectar. En aquellos interminables castigos, donde tu voz cuando cubría las cuatros paredes del aula no sonaba autoritaria, sino cercana, cariñosa incluso, todo lo contrario a lo que se suponía tenía que ser, era donde quería permanecer eternamente, refugiada en tu distante calor, cerca de tus inacabables palabras, contemplando tu figura al ir y venir entre el mobiliario del aula.

Querida maestra, sabes que no fui lo suficientemente valiente para admitirte ni admitirme lo que dentro de mí se albergaba, sabes que siempre estuvo ahí, anhelando por encontrar la salida, pero jamás lo llego ha hacer, y es por eso que te escribo estas líneas, para decirte que aun sin haber estado cerca de tu boca, yo vivía en ella, pensando y soñando con tus labios, tus manos manchadas de tiza, con tu cuerpo moldeado por las lecciones que impartías, con tus ojos que tan encima mío estaban… Un sueño eterno vivido en la realidad, que perdura y perdurará, pues contigo aprendí que los castigos pueden ser un pedacito de cielo en un aula.