Noches de fiesta

El ritmo se vuelve aún más fuerte, mezcla de compás caribeño y nuevas tendencias, y su cuerpo se mueve sigiloso buscando la manera de llegar a mí. Sin darme cuenta imito su aproximación, dejándome llevar por la música; la masa se aparta sola, como expectante a nuestro encuentro, y allí, en medio de decenas de personas nos encontramos, acomodando nuestros cuerpos apenas en un roce de miembros que se mueven por inercia. Todo se detiene y ya tan solo existen sus oscurecidos ojos. Allí termina todo; me convertí en su víctima casi perfecta, dando el todo por el todo de nuestros seres, abandonándome en su abrazo, en una noche de fiesta, siendo una esclava de sus nocturnos y alcoholizados deseos.
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